lunes, 28 de octubre de 2013
...en un reloj llamado tiempo...
que a días es inexorable y derrama justicieros
los granos de la inconveniencia;
y que a días es dulce compañero y desliza los minutos suaves
como alas de mariposa.
corasong, va por ti, hombre sin nombre...
y que te aproveche ese café con leche calentito.
el mejor de mis besos para ti,
anna "mismamente"
viernes, 31 de mayo de 2013
Breve epitafio
Epitafio
breve
Quién se
atrevió a echarme esta losa encima?
A quién di
permiso para que me muriera?
No estoy en
absoluto de acuerdo.
Me revelo
contra estas circunstancias inesperadas.
Aunque bien
las prefiero,
no me imagino
antes llorando mi propia muerte.
Solo con
figurarlo se me erizan todos los vellos.
Y la verdad:
Si algo tengo
ganado,
al estar aquí
tumbada,
inmóvil,
congelada,
y
petrificada,
es que he
vivido
a cuerpo de
reina.
Nada me ha
faltado.
De todo saqué
puñado.
No pude.
Ni puedo.
Y a la vista
de estas paredes nogales,
No podré;
agradecer la
condición humana
de aquellos
de mis congéneres
que
anduvieron conmigo tostados,
e impregnados
de los mejores fluidos,
sin fallar a
mis básicos principios
de cuidarme y
respetarme al máximo
con las
mejores calidades.
Así que desde
este cajón finito,
donde
permaneceré como un topo,
elevo y
anhelo que alguno o alguna
de los que
bebieron conmigo,
recupere de
nuestras pláticas,
el antojo
para mi breve epitafio.
Que las
brumas del estar doblado
no les haya perjudicado
el recuerdo
y la esbeltez
de sus mentes,
“Emelyn, aquí
yace discrepante aunque empapada”
lunes, 20 de mayo de 2013
las lágrimas me saben a ti
Las lágrimas me saben a ti,
a las noches eternas
de vacíos y abandono.
Las lágrimas me saben a ti,
me duelen los pasos.
La lágrimas me saben a ti
como en tu silencio
se hunde mi grito.
Las lágrimas
se precipitan por mis mejillas
aunque en estos labios que son tuyos
encuentran su refugio.
miércoles, 8 de mayo de 2013
El día que acabó la
crisis (Juan José Millás)
Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos anunciarán que la crisis
ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con nuestros dolores,
celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha pasado el peligro
aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de debilidad y que hay
que ser muy prudentes para evitar recaídas.
Conseguirán que respiremos aliviados, que celebremos el acontecimiento, que
depongamos la actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco
a poco, volverá la tranquilidad a nuestras vidas.
Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos
quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza,
darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al
carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del
reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento infinito
permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y
los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis
estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar
pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30
años en derechos y en salarios.
Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta
límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de ser
el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a todas las
profesiones para que sus saberes quepan en una nómina escuálida; cuando
hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar casi gratis; cuando
dispongan de una reserva de millones de personas paradas dispuestas a ser
polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la
desesperación, entonces la crisis habrá terminado.
Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se
haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes
sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se
ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta
bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada
prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos
convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras
vidas, entonces se habrá acabado la crisis.
Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja
de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta
cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o
sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos
cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes
de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis ha terminado.
Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le
han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en
conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social
solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien
pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las
normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las
condiciones del armisticio.
Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino cómo
saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y
desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos
ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente
en disputa.
De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30
años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco
social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto
público por allá y voilà: su obra estará concluida.
Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas
hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de
la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra
rendición.
Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos anunciarán que la crisis
ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con nuestros dolores,
celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha pasado el peligro
aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de debilidad y que hay
que ser muy prudentes para evitar recaídas.
Conseguirán que respiremos aliviados, que celebremos el acontecimiento, que
depongamos la actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco
a poco, volverá la tranquilidad a nuestras vidas.
Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos
quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza,
darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al
carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del
reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento infinito
permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y
los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis
estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar
pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30
años en derechos y en salarios.
Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta
límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de ser
el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a todas las
profesiones para que sus saberes quepan en una nómina escuálida; cuando
hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar casi gratis; cuando
dispongan de una reserva de millones de personas paradas dispuestas a ser
polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la
desesperación, entonces la crisis habrá terminado.
Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se
haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes
sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se
ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta
bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada
prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos
convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras
vidas, entonces se habrá acabado la crisis.
Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja
de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta
cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o
sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos
cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes
de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis ha terminado.
Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le
han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en
conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social
solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien
pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las
normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las
condiciones del armisticio.
Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino cómo
saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y
desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos
ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente
en disputa.
De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30
años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco
social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto
público por allá y voilà: su obra estará concluida.
Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas
hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de
la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra
rendición.
martes, 16 de abril de 2013
martes, 2 de abril de 2013
amar en primavera
Noche cómplice.
Fértil beso de lluvia,
amor florece.
Felicidades amor amado.
Miguel,
para ti, mi primer haiku
martes, 19 de febrero de 2013
el mes no me llega a final de sueldo
-->
Se me anuda el estómago con cada nuevo amigo o nueva amiga que se va a la
numerología del paro, ya toda una ciencia, sí señor.
El mes no me llega a final de sueldo, me lo dijo hace tiempo un buen amigo, y después de un leve aturdimiento
lo entendí.
Me han vendido muchas movidas en estos ya 46 noviembres, pero lo de hoy,
ayer y parece que por tiempo, no tiene nombre.
Me despierta mi parte más oscura ver a personas humanas tiradas por las
calles. Hace mucho frío corasones…¿y el suelo? el suelo está muy duro y…muy
húmedo...
y no puedo hacer más que acercarles una manta, unos bocatas…leche con café
calentito…nada...nada…
Gritaría al ver que la gente joven ha de morderse los labios porque no hay
más. Han de callar y aguantar todo aquello que nosotros y nosotras ya
derribamos en un tiempo…y nuestros padres también lo hicieron y los suyos…¿y
ahora qué?... las ilusiones, el mundo por pisar fuerte, el horizonte
abierto…¿dónde?
Y no puedo hacer más que animarles y decirles que esto pasará y volveremos
a ser gente…nada más…nada…
No entiendo ni quiero entender jamás que nuestra vida sea tan solo una
desgraciada y puta economía...
Me calienta sobremanera leer, escuchar, recibir noticias de esto o aquello.
Más bien de éste o aquel, de los que han cambiado de lugar un dinero, que no es
suyo, por supuesto…vaya, que se lo han llevado o evadido o agenciado...o
mangado.
Y no puedo hacer nada más que hablarlo, explicarlo, pregonarlo y decirlo a
los cuatro vientos para que por donde andemos creemos un gran envoltorio que les
ahogue en su propia mugre y vergüenza.
Mordería cuando veo como echan a una familia de su casa, cuando les veo
dejar tiempo en un reloj de arena volcado. Cuando sus cosas se convierten en
trastos. Y sus lágrimas son de niebla…
Y que puedo hacer yo, que puedo hacer…sino chillar aún más fuerte…
chillar hasta romper muros y paredes de congresos y palacios,
cristales de altos edificios de negocios…
gritar, gritar…fuerte, muy fuerte…
y pediros que gritemos juntos con el no nos vencerán de siempre
y en cualquier lugar donde se nos necesite.
Porque hay algo que no tiene precio…nuestro ser más íntimo, nuestra
vergüenza, nuestra humanidad, nuestro respeto…todo eso y mucho más no nos lo
pueden arrebatar ni lo pueden aniquilar.
¿Nos damos las manos?
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